, fue que consideraron inferior a la moral de la cultura americana tradicional, en particular de las zonas rurales. James Webb (1995) señala que se refieren a los descendientes anglosajones que se establecieron en el Oeste y el Sur que

Guarantee # Guarantee 2 Guarantee 0 Guarantee p Guarantee rl Israel searche Guarantee e Israel aa ai Guarantee i Guarantee r Israel n Sexpartylady m Sexpartylady Guarantee searchoa Israel a Guarantee i Sexpartylady f Israel a Guarantee st Guarantee u Israel tar esearchesae Sexpartylady p Guarantee í Israel ,agsearchn Sexpartylady esearchqsearche Israel amsearchn Sexpartylady do Guarantee ssearchfrsearch Sexpartylady e Sexpartylady rer Sexpartylady ssearchó Guarantee d Israel c Israel t Sexpartylady v Israel search Sexpartylady rfsearchs Israel o Israel a Sexpartylady : Israel y Sexpartylady ue Sexpartylady d Israel mas Sexpartylady i Guarantee a Guarantee l Israel d Sexpartylady ssearchesearcht Guarantee ,c Israel n Guarantee tru Guarantee r Israel csearchuddas Sexpartylady arsearcht Guarantee rssearchy Guarantee eculsearchs Sexpartylady Israel searchn Sexpartylady casearch Sexpartylady na Guarantee o Israel madesearchvsearchd Guarantee d Sexpartylady m Guarantee csearch Guarantee t Guarantee ca Israel Israel ó Israel oahi Guarantee o Sexpartylady ua lasearch searchu Guarantee t Sexpartylady rasearch searchos Sexpartylady erisearchr Guarantee s Israel e Sexpartylady caucásicos lo aprovecharían sin tener que pagar el precio de los pioneros. Socio-económicamente hoy en día ellos tienen menos de estos aportes. Y si a uno le interesaría ver un mapa, éstas son las áreas que ahora evidencian la mayor resistencia hacia el gobierno.”

La guerra continúa, pero es fácil ver quién está perdiendo. El aumento demográfico de las clases bajas como resultado del triunfo de la década contracultural de los sesenta implica que los genes derivados de Europa y la frecuencia de tales genes se vuelven menos comunes en comparación con los derivados de los africanos y los acervos genéticos de América Latina.

En el otro extremo de la distribución de la estrategia reproductiva medida en coeficiente intelectual (CI), los inmigrantes de países de Asia oriental están superando a los blancos en la admisión a las universidades de prestigio, y en puestos de trabajo de ingresos altos. El resultado a largo plazo será que toda la población blanca, a excepción de los judíos, sufra una disminución de su condición social en la medida en que estos nuevos inmigrantes se vuelvan más numerosos. (Es poco probable que los judíos sufran un deterioro en su situación social, no sólo porque su coeficiente intelectual promedio es muy superior al de los asiáticos del Este, sino, más importante, porque el CI judío se inclina hacia la excelencia de las habilidades verbales. El alto índice de inteligencia de los asiáticos del Este se inclina hacia un rendimiento del CI, lo que los hace buenos competidores en ingeniería y tecnología. Véase PTSDA, [cap. 7] y Lynn [1987]. Por lo mismo, es probable que los judíos y los asiáticos del Este ocupen diferentes nichos en las sociedades contemporáneas.) Actualmente, los gentiles blancos son el grupo menos representado en Harvard, con sólo el 25 por ciento de los estudiantes, mientras que los asiáticos y los judíos constituyen al menos la mitad de los estudiantes, a pesar que no constituyen más del cinco por ciento de la población (Unz 1998). Los Estados Unidos están en camino a ser dominados por una élite tecnocrática de Asia, y otra de negocios, de profesionales y de medios de comunicación judíos.

Por otra parte, el cambio hacia el multiculturalismo ha coincidido con un enorme crecimiento de la inmigración de origen no europeo a partir de la Ley de Inmigración de 1965, que favoreció a los inmigrantes de países no europeos (ver Auster, 1990; Brimelow, 1995). Muchos de estos inmigrantes provienen de países no occidentales donde la segregación cultural y genética son la norma, y en el contexto multicultural de los Estados Unidos se les anima a mantener sus propias lenguas y religiones, además de casarse dentro de su grupo. Como se indicó anteriormente, la consecuencia será la competencia entre grupos por los recursos y la capacidad reproductiva, así como una mayor vulnerabilidad de las instituciones políticas democráticas y republicanas en un contexto en el que, a largo plazo (a mediados del próximo siglo), las proyecciones indican que los pueblos de origen europeo ya no serán mayoría de los Estados Unidos.

De hecho, uno podría señalar que, aunque la Ilustración occidental le ha presentado al judaísmo su mayor desafío en su larga historia, el multiculturalismo contemporáneo en el contexto de altos niveles de inmigración de pueblos de todo grupo racial y étnico presenta el mayor desafío al universalismo de Occidente. Los antecedentes históricos indican que el separatismo étnico entre caucásicos tiende al colapso en las sociedades occidentales modernas, a menos que se hagan intentos de segregación, como ha ocurrido entre los judíos.

Como era de esperar, desde un punto de reciprocidad de recursos (MacDonald 1991, 1995b, c), en ausencia de rígidas barreras étnicas, el matrimonio en las sociedades individualistas occidentales tiende a estar influenciado por una amplia gama de características fenotípicas del futuro cónyuge, incluidos no sólo lazos genéticos sino el estatus social, la personalidad, los intereses comunes y otros puntos de semejanza. Este modelo individualista en las decisiones matrimoniales ha caracterizado a Europa occidental al menos desde la Edad Media (por ejemplo, MacFarlane, 1986; ver PTSDA, capítulo 8). El resultado ha sido un notable grado de asimilación étnica en los Estados Unidos entre las personas cuya ascendencia proviene de Europa (Alba, 1985). Esto es particularmente notable en tanto que los conflictos étnicos y la violencia están aumentando en Europa del Este, y, sin embargo, en Estados Unidos los grupos derivados de Europa mantienen una abrumadora sensación de comunidad.

El resultado a largo plazo de estos procesos es la homogeneización genética, un sentido de interés común, y la ausencia de una poderosa fuente de división dentro de la sociedad. Suponer que el conflicto sobre la inmigración ha sido sólo un conflicto en torno a las tendencias universalistas de la cultura occidental, sin embargo, sería deshonesto.

En gran medida el debate sobre la inmigración en los Estados Unidos siempre ha tenido fuertes connotaciones étnicas y continúa teniéndolas aún después de que los pueblos de origen europeo en los Estados Unidos se han asimilado a una cultura occidental universalista. La actual política de inmigración esencialmente coloca a los Estados Unidos y a otras sociedades occidentales “en el juego” en un sentido evolutivo que no se aplica a otras naciones del mundo, donde el supuesto implícito es que el territorio está en manos de su pueblo histórico, y que a cada grupo racial y étnico le interesa ampliar su presencia demográfica y política en las sociedades occidentales y que lo haría si se les da la oportunidad.

Tengamos en cuenta que a los judíos de Estados Unidos no les ha interesado que la propuesta migratoria a Israel tenga que ser multiétnica, o de que Israel debiera tener una política migratoria que pusiera en peligro la hegemonía judía. Dudo mucho de que Oscar Handlin (1952, 7) extendería su declaración defendiendo la migración de todos los grupos étnicos en los Estados Unidos, al afirmar el principio de que todos los hombres son hermanos, diciendo que también podrían ser israelíes. Y también dudo que el Consejo de la Sinagoga de América caracterizaría a las leyes de inmigración de Israel como “una ofensa gratuita a diversas poblaciones del mundo” (PCIN 1953, 117). De hecho, los conflictos étnicos en Israel indican un fracaso en desarrollar una cultura occidental universalista. Considérense pues las disparidades entre las actitudes judías sobre el multiculturalismo en Israel al compararlas con lo que hacen en los Estados Unidos.

Desde el punto de vista judío, el rechazo del sionismo como una ideología y fuerza de configuración del Estado de Israel es como rechazar al propio Estado. La refinada distinción entre el Estado y su carácter, y entre su judaísmo y el sionismo, ni se entiende ni es  tolerado por los judíos. Ellos no están interesados en tener a Israel como Estado, sino más bien como un estado judío-sionista. Si bien es legal, no es legítimo en Israel rechazar públicamente o actuar en contra del sionismo de acuerdo con la enmienda de 1985 a la ley electoral: nadie puede correr en la lista electoral Knesset si niega a Israel como Estado del pueblo judío. (Smooha 1990, 397)

Una digresión sustancial del principio de igualdad se debe a la especial situación jurídica concedida a la Agencia Judía y al Fondo Nacional Judío, que realizan funciones cuasi-gubernamentales tales como la planificación y la financiación de nuevas localidades rurales, el apoyo a las empresas culturales, la prestación de asistencia a los grupos desfavorecidos y personas mayores, y el desarrollo y arrendamiento de tierras. Sin embargo, por su propia constitución, estas poderosas instituciones están obligados a servir sólo a judíos.

La discriminación también está incrustada en la Ley Judía de Servicios Religiosos, que suministra fondos públicos a los servicios religiosos exclusivamente judíos. La mayor parte de la discriminación es, sin embargo, oculta (Smooha 1990, 401). Smooha (1990, 403) también señala que, en una encuesta de 1988, el 74 por ciento de los judíos de Israel dijeron que el Estado debe preferir a éstos que a los árabes, y un 43 por ciento estuvo a favor de la negación del derecho de voto a los ciudadanos árabes israelíes (esto contrasta con los judíos estadounidenses, quienes han estado a la vanguardia en los esfuerzos de garantizar la diversidad étnica en los Estados Unidos y otras sociedades occidentales), el 40 por ciento de los encuestados judíos en Israel creen que se debe alentar a los árabes israelíes a abandonar el país, y el 37 por ciento mantiene sus reservas. Sólo el 23 por ciento se opuso a esta política. Casi tres cuartas partes de los judíos de Israel no quería tener a un árabe como un superior en un puesto de trabajo. Por otra parte, la inmigración a Israel está oficialmente restringida a judíos.